Gracias María por el comentario, estaba leyendo una artículo sobre la felicidad y ese es otro tema que hablamos con mis hermanos.
Esa niñez tan fantástica ¿nos condenó a no sentirnos felices muchas veces ahora que somos grandes? No se que pensarán los psicólogos pero como sentirte hoy pleno, feliz y libre si sempre estás comparando tu actualidad con lo que viviste en la niñez.
No es una cuestión de inmadurez, sino de tratar de buscar un refugio donde encontrar la paz ante las cosas que nos suceden, pero uno siempre añora esa libertad, esa genialidad, ese poder reirse todos los días enfrentando los problemas "al toque" como lo hacía mi abuela paterna.
Nos cuesta muchisimo tratar de que nuestros hijos disfruten como nosotros lo hacíamos, ellos no entienden, siempre están aburridos, pero cuando les contamos lo que hacíamos se asombran, ¡Ojo! pero nunca lo harían, eso de ensuciarse y tirar todos para el mismo lado. Creo que esa era la escencia de nuestra felicidad, nunca nos peleabamos (salvo la guerra de panqueques, siempre jugabamos todos juntos sin excluir a nadie, no había gordos, flacos, petisos, feos, solo una meta.
Por eso creo que hoy estamos volviendo a ser libres, hacer lo que nos gusta, crear cosas, no tener límites, no tratando de recuperar esa niñez, sino de utilizar esas viejas técnicas de ser felices por siempre para nuestra vida cotidiana.
LA GUERRA DE PANQUEQUES(crepes)
Como todos los días algo teníamos que hacer, así que decidimos cocinar panqueques con dulce de leche, con una sola regla, los podíamos comer después de hacer la tarea y a las cinco de la tarde que era la hora de la merienda(hora que hasta hoy sigue, después de cocinar y preparalos durante dos horas, los guardamos en la heladera.Pero he aquí que un traidor(mi hermano varón)comenzó a robarse los panqueques y a comerlos a escondidas, cuando lo descubrimos negó todo pese al dulce de leche que le salía por las orejas, se armó una discusión sobre derechos de cocción y propiedad intelectual algo así y como respuesta nos arrojó un panqueque, no se imaginan lo que siguió, los panqueques volaban por toda la cocina sin respetar nada, dulce de leche en el techo, las paredes y el piso.
Nos empezamos a reir y nos dimos cuenta que teniamos que estar todos juntos de nuevo con una meta ¡¡¡limpiar todo antes que se levantara mi mamá de la siesta!!!!, y así superamos nuestra única y pegajosa pelea, un beso.
Si algo me deseo de corazón es que si algún día decido tener hijos ellos puedan vivir una niñez como la mia. Sin tecnologías raras, sin necesidades superfluas, solamente con la imaginación y el tiempo que todo chico necesita para construirse una niñez feliz.
ResponderEliminarPensandolo bien, tal vez debiera mudarlos de planeta.
Besos